Calendario occidental- evolución

Conocer con precisión el tiempo de la siembra y recolección, los días dedicados a los sacrificios a los dioses, para propiciar la fertilidad, eran necesidades perentorias para los primeros agricultores y ganaderos de la historia. La puesta en marcha de un calendario, realizada por los sacerdotes, se hizo ineludible.

Los primeros calendarios conocidos son los babilonios. Egipto, contaba con un calendario, al igual que el babilónico, lunar. Sin embargo, sus motivos fueron más administrativos que religiosas (aunque ambas actividades estaban en manos de los sacerdotes, pertenecientes a la familia del faraón). Las inundaciones anuales del Nilo, cuyo nivel era marcado excrupulosamente año tras año, no solo fertilizaba los campos, si no que borraba los límites de las propiedades, que había que volver a acotar. El calendario se hizo necesario dado que cada año el ciclo de lluvias y de inundaciones  establecía los tiempos de la siembra.

Serán los griegos de Alejandría los primeros en elaborar un calendario solar, de 365 días gracias al estudio de astrónomos y matemáticos.

Los romanos que se iniciaron en el calendario lunar, recordemos que estaban más atrasados que los griegos, de 355 días, a causa des sus supersticiones. Estas les llevaban a considerar los días impares como fastos y los días pares como nefastos, es decir propicios o no propicios según ciertos dioses. Debían añadir 22 o 23 días alternativamente cada dos años.

El calendario seguía en manos de los sacerdotes, pontífices, romanos. Pero la confusión era tal que, Julio Cesar en el año 46 aC, decretó un calendario de 365 días, el calendario Juliano, al que se añadiría un día más cada cuatro años, como el nuestro. Es ahora el poder político el que tomará el poder sobre qué días se deben trabajar y cuales dedicar a los dioses.

El Concilio de Nicea, año 325, ante la conflictividad que suponía la festividad de la Pascua (día de la resurreción de Cristo) , estableció que esta se celebrará, el primer domingo después de la primera luna llena tras el equinocio de primavera (21 de marzo). Y a partir de esta fiesta se compone el calendario litúrgico de la Iglesia.

La última modificación sufrida por nuestro calendario, se dio en el pontificado de Gregorio XIII. Tras una consulta con astrónomos y matemáticos de la época, se apreció un desfase en el calendario juliano de, nada menos, 10 días. Así el 4 de octubre de 1582 le siguió el 15 de octubre. Recibió el nombre de calendario gregoriano y es el que seguimos en la actualidad.

OTROS CAMBIOS CURIOSOS

Tras el cambio realizado por el papa Gregorio XIII, se presentó la oposición al mismo de los protestantes. El comentario de Képler a dicha situación fue,  “los protestantes prefieren estar en desacuerdo con el sol antes que de acuerdo con el papa”

Durante la Revolución francesa se decía que había que romper con el pasado por lo que elaboraron un nuevo calendario. Primero le cambiaron el nombre a los meses adaptándolos a la naturaleza, el clima, las estaciones y las labores agrícolas. Después las semanas pasarían a tener 10 días, por razones laborales y no religiosas. Fue implantado el 5 de octubre de 1793 y se decretó su abandono el 1 enero de 1806.

El calendario a causa de su poder sobre los días laborables, de tiempo libre, de pago de impuestos etc ha querido ser controlado por el poder.

Por cierto, la palabra calendario, proviene del latín “kalendas” que significa primer día del mes.

muri, un beso.

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