El Curiosity ha llegado a Marte

El centro espacial de la NASA ha anunciado el aterrizaje del robot Curiosity en la superficie de Marte a las 7:30 horas (de España). A pesar de que el Planeta Rojo se encuentra a 248 millones de km., la misión Curiosity ha tenido que recorrer la friolera de 567 millones de km, que podían haber sido en vano en los “7 minutos de terror”, que es lo que tardaba la nave no tripulada en descender hasta el suelo rocoso. Pero en estos momentos, todo marcha según lo previsto y las imágenes siguen llegando al centro de control, imágenes que se reciben 13,8 minutos más tarde de ser emitidas, y que es lo que tardan en llegar a la tierra, a la velocidad de la luz.

El cohete no tripulado Atlas 5, despegó el pasado 26 de noviembre del 2011. La misión Curiority consiste en la exploración del entorno al cráter Gale, en el Monte Sharp, para registrar la composición geológica y poder escanear in situ la zona. Entre otras cosas, se verificará si el cráter se formó a causa de una lluvia persistente de meteoritos hace 3500 millones de años, como se supone que ocurrió en los planetas del Sistema Solar. La fosa del Gale mide más de 154 km de ancho con miles de toneladas de sedimentos depositados, algo interesante para los científicos para poder estudiar cada capa y registrar geológicamente cada acontecimiento en el planeta.

¿Aparecerá en algún registro alguna indicación de que se pudo albergar vida en el planeta rojo? Esa es la ilusión que muchos científicos y aficionados esperan resolver con esta visita del Curiosity, pero al menos se podrá trazar una más que fiable historia geológica del planeta, quizás en vistas de una futura misión tripulada. En cuanto a la participación española de la misión, un equipo del CSIC y del INTA, han seguido en directo las imágenes de los 7 minutos de terror (o pánico), para luego comprobar que el instrumento REMS (Rover Environmental Monitoring Station), una estación medioambiental, evalúe las condiciones de la zona explorada por el vehículo. Así tenemos por primera vez un instrumento español posado en la superficie del planeta marciano. Se ha desarrollado en el Centro de Astrobiología (CAB), en colaboración con la empresa CRISA y los centros científicos CSIC e INTA.

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