Mitos del hombre que la ciencia respondió

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Hay ciertas creencias populares que talvez por el “boca en boca” han recorrido el mundo como verdades incuestionables sin embargo la ciencia se ha ocupado de dar una respuesta científica a estas cuestiones despejando dudas y ofreciendo al mundo la verdad sobre mitos que todos conocemos pero que en realidad ignoramos.

¿Qué sucede con el pelo y las uñas de un muerto?

Se ha creído que cuando una persona muere tanto sus uñas como su cabello siguen creciendo, al punto de imaginarnos que si encontramos un cadáver este tendrá el pelo largo y las uñas muy largas. Pues ciertamente se trata de una afirmación falsa puesto que al morir las células también lo hacen y en realidad la deshidratación hace que la piel se seque y retraiga dando la ilusión visual que las uñas y el cabello han crecido cuando de verdad el resto de los componentes se van achicando.

¿Tenemos una predisposición ideológica al nacer?

Según estudios realizados por un grupo de científicos, las personas conservadores se resisten al cambio, mientras que los liberales están más dispuestos a él. ¿Y tu cómo afrontas los cambios?

¿Realmente usamos sólo el 10 por ciento de cerebro?

Esta creencia lleva más de un siglo dando vuelta por el mundo, pero ciertamente ha sido desmentida por la neurociencia, puesto que se ha comprobado que no existen zonas muertas o inactivas del cerebro, sino que en cambio lo necesitamos por completo. Este mito fue creado con la intención de sugerir la superación personal de algunos.

¿Somos más agresivos a cierta edad?

Todos los humanos tenemos en nuestro interior una dosis de violencia y el pico más alto de demostración de esta es en el cuarto año de vida. Con el paso del tiempo y los aspectos sociales es posible ir suavizando esta conducta dejando a la violencia muy por debajo de nuestros hábitos.

¿Nuestro rostro devela si somos promiscuos?

Según un estudio realizado por Evolution and Human Behavior, ciertos rasgos determinan nuestras conductas sexuales y asimismo, las hormonas sexuales podrían intervenir en la estructuración de ciertos rasgos faciales. De este modo, cuánto más masculino es el rostro, más promiscuidad tenemos.

Fuente: Rpp

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