Pionero de la aviación más rápida

Grandes nombres de la aviación mundial están escritos en lengua española. Son famosos los vuelos transoceánicos, cuyos intentos comienzan a finales del los años 20 y culminan en éxitos en los 30 hacia Cuba o Argentina. Pero siempre hay alguien que va “más allá”, que no se conforma e investiga para inventar algo mejor y más rápido. Uno de estos ingenieros míticos de la aeronáutica fue Virgilio Leret. Gracias a la labor de diversos investigadores y reporteros, se han conocido muchos detalles de su vida, de su trágico final y de cómo llegaron sus trabajos clandestinamente a manos del departamento de guerra británico en plena 2ª guerra mundial.

Los planos que Leret diseña, similares al de este plano fotográfico pero con el mismo resultado potencial, nos muestran un motor completamente distinto a lo conocido. Era consciente de que la principal barrera que frenaba la velocidad de los aparatos de vuelo, eran las propias hélices, así que diseñó una carcasa que llamó mototurbocompresor. Ahora la hélice cambiaba su función propulsora propiamente dicha, al encontrarse en otro circuito de entrada de aire, variaba el sentido de sus hélices y los engranajes que internamente rotaban, comprimían la mezcla de combustible y aire provocando una combustión justo al final de la carcasa y el empuje resultante redoblaría la velocidad del aparato hasta velocidades desconocidas hasta ese momento.

La descodificación de los archivos de Guerra británicos han permitido corroborar dicho invento, fechado en el año 1935. Posiblemente el proyecto  se probara o se estudiara en el año 1940, cuando la viuda de Leret, Carlota O´Neil entregó los planos clandestinamente a los servicios secretos británicos en Madrid. Pero lo cierto es que ingenieros que lo han estudiado, han visto que este motor era y sigue siendo viable, que era distinto al motor coetáneo, como el  que patentó el primer motor a reacción, el inglés Frank Whittle, y anterior al alemán  de Hans von Ohain, ambos considerados padres del motor a reacción y los que se llevan la gloria del invento.

 

Toni Ferrando.

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