Hace unos días se ha celebrado el aniversario del movimiento 15 M y nos hemos llevado la sorpresa de que realmente ni estamos en un Estado de Derecho, ni Democrático, ni Constitucional. En esta manifestación pacífica y que en sus inicios apareció casi espontáneamente por una sociedad indignada con el manejo de los bancos y políticos, resulta que miles de policías, con orden de “usar la fuerza a la mínima resistencia”, ha querido impedir en 80 ciudades españolas, la libre expresión de la opinión pública. Cientos de detenidos y maltratados ciudadanos pueden dar fe de ello. Y no sólo en España, ya que en ciudades como Nueva York, Londres y de medio mundo, han podido sufrir la respuesta contundente de las Autoridades, reacias a ceder las riendas de sus incompetentes gestiones.
¿Y qué temen del 15 M? Sus soluciones racionales. Temen que se convierta en una Revolución que transcriba a la francesa del siglo XVIII y que nos rige hasta ahora, donde se otorgaron todos los privilegios económicos y de bienestar a la banca y a los mercaderes, anteponiéndolos al resto de los ciudadanos. Porque hay que ver las cosas como son: mientras existan ejecutivos, artistas, banqueros, comerciantes, políticos, etc., que acaparen el 90 % del capital existente, la inmensa mayoría de los ciudadanos deberán conformarse con 426 euros, cuando los alquileres de las viviendas superan los 500. Claro, las Autoridades temen que esta cantidad de ciudadanos indignados se movilice, y no hay mejor manera para evitarlo que a mamporro limpio dados por funcionarios destinados a la seguridad (de todos) y que cobran 1200 euros mensuales.