Bomberos del siglo XXI

Leí hace unos años en una revista de carácter arqueológica y, en general, científica, que en la ciudad de Cádiz, se había encontrado una inscripción en una losa datada en el siglo II a. de C. Dicha inscripción hacía referencia a una agrupación o “compañía apagafuegos”, y se supone que la losa ocupaba el frontispicio de un edificio, del que ahora quedan sólo los cimientos. Dicho hallazgo de origen romano estableció en esta ciudad la presencia del cuerpo de bomberos más antiguo de Europa, y quizás del mundo, ya que ni en la mismísima Roma se ha encontrado una inscripción tan antigua que haga referencia a este cuerpo especializado. Debemos recordar que el incendio famoso en tiempos de Nerón, ocurrió ya en nuestra era, y a partir de esta fecha conocemos documentos que nos hablan  de cuerpos dedicados a la vigilancia y extinción de incendios. En esos momentos, las herramientas comenzaron a idearse de forma especializada, así encontramos escaleras de madera, sifones, arenas, lonas, y todo tipo de instrumentos que ayudaban en esos tiempos en la tarea de auxilio a personas y apagado de fuegos.

Desde entonces, la tarea de esos “ediles incendiorum extinguidorum”, hasta convertirse en los bomberos de la actualidad, no ha parado de evolucionar. Siempre en paralelo con la tecnología más avanzada, este cuerpo ha ido sumando misiones de todo tipo, siempre relacionadas con el salvamento de personas en los siniestros, además de la extinción de los incendios que surjan. Aquel carro tirado por mulas lleno de cubos de agua, sifones, escaleras de madera, arena, etc, hoy en día se ha convertido en un camión con escaleras telescópicas que pueden alcanzar alturas de hasta 4 plantas (existen otros vehículos en su parque que superan con creces esta marca si es necesario). Unas mangas de presión que lanzan chorros de una mezcla para suprimir el oxígeno y que el fuego no se propague, además de todas las herramientas necesarias para cualquier eventualidad, como sierras eléctricas.

El equipo de un bombero actual, consta de un traje completo ignífugo, casco protegido con una visera, guantes y botas que toleran las más altas temperaturas y prendas de fibra especiales en su interior, muy ceñidas. También pueden venir provistos de oxígeno asistido y lentes para la visión nocturna. Hoy en día, un bombero rescata en un accidente de tráfico, acude ante un conato de fuga de gas, llega el primero cuando suena la alarma por derrumbe de un edificio, y un largo etc. Su servicio heroico a la Comunidad muchas veces queda en el anonimato, y en estos 2000 años de existencia probada, nunca les agradeceremos suficiente su labor realizada.

Toni Ferrando.

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