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Voyager 1 está a punto de cumplir un nuevo hito: a un día-luz de la Tierra

Casi medio siglo después de su lanzamiento, la veterana sonda Voyager 1 está a punto de cruzar una frontera simbólica en la historia de la exploración espacial: en noviembre de 2026 estará tan lejos que una señal de radio tardará 24 horas en llegar hasta ella. Es decir, habrá alcanzado aproximadamente un día-luz de distancia de la Tierra.

Para hacerse una idea de la escala: un año-luz es la distancia que recorre la luz en un año, unos 9,46 billones de kilómetros. Un día-luz es solo una pequeña fracción de eso, pero sigue siendo una cifra difícil de imaginar: en torno a 25,9 mil millones de kilómetros desde nuestro planeta.

Una misión de 1977 que se niega a “apagarse”

Voyager 1 despegó en 1977 con un objetivo muy concreto: aprovechar una alineación poco frecuente de los planetas para estudiar Júpiter y Saturno de cerca. Aquel “tour” por el Sistema Solar exterior se completó hace décadas, pero la nave siguió adelante.

En 2012, cruzó la llamada heliopausa y entró oficialmente en el espacio interestelar, convirtiéndose en el objeto fabricado por el ser humano más lejano de la historia. Desde entonces viaja a unos 17,7 km por segundo, lo que se traduce en aproximadamente 3,5 unidades astronómicas (distancias Tierra–Sol) extra cada año.

Que siga funcionando no es casualidad: Voyager 1 no depende de paneles solares, sino de generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que convierten el calor de materiales radiactivos en electricidad. Esa fuente de energía se va degradando poco a poco, pero la NASA estima que podrá mantener algunos instrumentos encendidos hasta bien entrada la década de 2030.

Un día para enviar una orden, un día para recibir la respuesta

La distancia actual ya hace que la comunicación sea todo menos inmediata. Las ondas de radio viajan a la velocidad de la luz, pero el espacio es enorme:

Eso significa que cualquier comando enviado a la nave exige una planificación exquisita: el equipo de tierra tiene que prever el comportamiento de los sistemas con días de antelación, cruzando los dedos para que no haya sorpresas entre medio.

Este tipo de operación es un auténtico banco de pruebas para misiones futuras de espacio profundo, donde los tiempos de latencia harán inviable el control “en tiempo real” tal y como se conoce hoy.

Un recordatorio de lo pequeños que somos

Más allá de los récords de distancia, Voyager 1 ha dejado momentos icónicos en la cultura científica. Uno de los más conocidos es la imagen del “Pale Blue Dot” (“pálido punto azul”), tomada en 1990 a petición del astrónomo Carl Sagan.

En esa fotografía, la Tierra aparece como un diminuto punto de luz perdido en un rayo de brillo dentro de la inmensidad del espacio. La imagen se ha convertido en un símbolo de perspectiva cósmica: todo lo que la humanidad ha sido y es cabe en ese píxel.

Su trayectoria actual la aleja del Sol hacia las regiones exteriores del vecindario interestelar. Aunque va más rápido que cualquier nave anterior, tardaría más de 4 años-luz, incluso viajando a la velocidad de la luz, en alcanzar Proxima Centauri, nuestra estrella más cercana. Voyager 1 nunca llegará allí, pero su viaje sirve para recordar lo gigantesco que es incluso el entorno estelar más próximo.

¿Qué queda por delante para Voyager 1?

Mientras sus RTG sigan produciendo suficiente energía, Voyager 1 continuará:

En algún momento de la década de 2030, la energía disponible será tan baja que la NASA tendrá que ir desconectando instrumentos hasta que la nave quede finalmente en silencio. Pero aunque deje de hablar con la Tierra, seguirá viajando durante millones de años, llevando consigo el famoso Disco de Oro, con sonidos e imágenes seleccionadas para representar a la humanidad ante hipotéticos observadores lejanos.

Cuando en 2026 se hable de “un día-luz de distancia”, no será solo un dato técnico. Será una excusa perfecta para volver a mirar al cielo y recordar que una pequeña nave, del tamaño de un coche, lleva casi 50 años alejándose de nosotros… y, en cierto modo, contándonos quiénes somos y dónde estamos en el universo.

vía: NASA, scienceclock y Wikipedia

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