A pocas semanas de la celebración del Día Mundial del Sueño, prevista para el 13 de marzo, el descanso vuelve a ocupar un lugar destacado en las conversaciones sobre bienestar. Más allá de la idea tradicional de dormir más horas, la tendencia actual se centra en prestar atención a cómo finaliza la jornada y en incorporar pequeños rituales que faciliten la desconexión antes de acostarse.
Profesionales del ámbito del bienestar y los hábitos saludables coinciden en que dormir bien se ha convertido en una forma de autocuidado cada vez más valorada. En un contexto marcado por jornadas intensas, hiperconexión digital y una constante exposición a estímulos, muchas personas están adoptando rutinas sencillas que les ayuden a reducir el ritmo y preparar el organismo para el descanso nocturno.
Esta corriente, que algunos especialistas denominan la era de las slow evenings, pone el foco en los momentos previos al sueño. Gestos cotidianos como limitar el uso de pantallas, disminuir la iluminación o repetir actividades relajantes permiten enviar señales al cerebro de que el día está llegando a su fin, favoreciendo así una transición más natural hacia el descanso.
Desde la marca de descanso Petite Siesta señalan que el interés por estos rituales nocturnos ha aumentado en los últimos meses. Según explican, cada vez más personas buscan crear espacios de calma al terminar el día, entendiendo que no se trata únicamente de dormir, sino de prepararse para hacerlo. La firma, que desarrolla su actividad en Getxo y Madrid, trabaja desde hace tiempo en torno al concepto de bienestar nocturno.
Los expertos subrayan que instaurar hábitos repetidos antes de acostarse puede ayudar al cuerpo a reconocer que es momento de desconectar. Entre las recomendaciones más habituales se encuentran reducir los estímulos visuales y digitales al menos media hora antes de dormir, generar un entorno cómodo y relajante que invite a la calma y mantener pequeños rituales que se repitan cada noche para marcar el cierre de la jornada.
Más allá de las modas, el creciente interés por el sueño refleja un cambio cultural significativo. El descanso deja de considerarse tiempo improductivo para convertirse en un pilar esencial del equilibrio físico y emocional. Con la proximidad del Día Mundial del Sueño, el debate sobre cómo dormimos —y sobre la importancia de prepararnos adecuadamente para hacerlo— vuelve a ganar relevancia en la sociedad actual.

