NASA apaga otro instrumento de Voyager 1 para alargar la misión más allá de lo previsto

Las sondas Voyager llevan casi medio siglo desafiando cualquier previsión razonable. Lanzadas en 1977, Voyager 1 y Voyager 2 siguen operativas en el espacio interestelar, mucho después de haber cumplido su misión original sobre los planetas exteriores. Pero ese milagro técnico tiene un precio creciente: cada año pierden potencia eléctrica, y NASA ha tenido que volver a tomar una de esas decisiones ingratas que ya forman parte de la vida diaria del programa. El 17 de abril, el equipo apagó otro instrumento científico de Voyager 1 para ganar margen energético y mantener viva la nave durante más tiempo.

La medida no significa el final de la misión, ni mucho menos. Al contrario: forma parte de una estrategia calculada para estirar al máximo la vida útil de las dos sondas, que hoy son las únicas naves humanas capaces de enviar datos desde fuera de la heliosfera, la gran burbuja magnética y de partículas creada por el Sol. NASA sostiene que, con este plan, ambas Voyager podrían seguir funcionando con al menos un instrumento científico ya entrada la década de 2030, siempre que no aparezcan problemas inesperados.

El problema de fondo: menos energía cada año

Las Voyager no funcionan con paneles solares. A la distancia a la que se encuentran, eso sería inviable. Cada una depende de un generador termoeléctrico de radioisótopos, o RTG, que transforma el calor de la desintegración del plutonio en electricidad. El inconveniente es obvio: esa fuente se degrada con el tiempo. Según NASA, cada sonda pierde alrededor de 4 vatios de potencia al año, una sangría lenta pero constante que obliga a elegir qué sistemas se mantienen encendidos y cuáles no.

En el caso de Voyager 1, el instrumento apagado ha sido el experimento LECP, siglas de Low-Energy Charged Particles. Llevaba funcionando casi sin interrupción desde el lanzamiento y ha sido clave para estudiar iones, electrones y rayos cósmicos de baja energía en el medio interestelar. NASA explica que el LECP ha permitido detectar frentes de presión y cambios en la densidad de partículas más allá de la heliosfera, una información que ninguna otra misión puede ofrecer hoy.

La agencia tomó la decisión después de que, durante una maniobra rutinaria de orientación el 27 de febrero, los niveles de potencia de Voyager 1 cayeran de forma inesperada. Los ingenieros temían que cualquier descenso adicional activara el sistema automático de protección por subtensión, que habría empezado a apagar componentes por su cuenta para proteger la nave. En una sonda tan antigua y remota, dejar que eso ocurra ya no es una buena idea: recuperar el control puede ser lento, complejo y arriesgado.

Qué sigue funcionando en las Voyager

Apagar un instrumento no significa dejar ciega a la sonda. Tras este último recorte, Voyager 1 mantiene todavía dos instrumentos científicos activos: uno para escuchar ondas de plasma y otro para medir campos magnéticos. Voyager 2, por su parte, sigue operando con varios instrumentos más, aunque también ha sufrido recortes y ya entró en este proceso de sacrificios escalonados hace tiempo. NASA insiste en que el orden de apagado no se improvisa sobre la marcha: hace años que los equipos científicos y de ingeniería acordaron qué sistemas se irían retirando primero para conservar el mayor valor científico posible.

De hecho, la poda energética empezó antes. En febrero de 2025 se apagó en Voyager 1 el subsistema de rayos cósmicos, y en marzo de ese mismo año se desconectó en Voyager 2 el instrumento de partículas cargadas de baja energía. Aquella maniobra dejó tres instrumentos activos en cada sonda y, según NASA, compró aproximadamente un año de margen antes de tener que tomar otra decisión dolorosa. Ese “otro momento” ha llegado ahora para Voyager 1.

Hay otro aspecto crucial: no solo importan los instrumentos científicos. Las Voyager también necesitan mantenerse lo bastante calientes como para que no se congelen sus líneas de combustible y puedan seguir orientando la antena hacia la Tierra. Sin control de actitud, no hay telemetría ni ciencia posible. Por eso la gestión energética afecta tanto al laboratorio científico como a la propia supervivencia de la nave.

La nueva jugada de NASA: el plan “Big Bang”

Lo más interesante del anuncio de abril es que NASA no se limita a apagar sistemas y esperar. Los ingenieros están ultimando una maniobra más ambiciosa para ambas sondas, a la que llaman internamente “Big Bang”. La idea consiste en sustituir de una vez un grupo de dispositivos alimentados por otros equivalentes de menor consumo, manteniendo al mismo tiempo la nave lo bastante caliente como para seguir operando y recogiendo datos.

NASA quiere probar primero esta solución en Voyager 2, que dispone de un pequeño margen adicional de potencia y está más cerca de la Tierra, por lo que resulta un banco de pruebas menos arriesgado. Los ensayos están previstos para mayo y junio de 2026. Si el resultado es positivo, la agencia intentará aplicar el mismo ajuste en Voyager 1 no antes de julio. Incluso existe la posibilidad de que, si el plan sale especialmente bien, el instrumento LECP apagado ahora pueda volver a encenderse más adelante.

Ese detalle resume perfectamente la filosofía con la que NASA lleva años exprimiendo las Voyager: cada vatio cuenta, cada sistema se reconsidera y ninguna posibilidad se descarta mientras haya una opción razonable de ganar meses o años de ciencia. La propia agencia recuerda que estas dos naves siguen explorando una región del espacio a la que no ha llegado ninguna otra misión. En ese contexto, incluso una pequeña extensión del tiempo operativo tiene un valor científico enorme.

La historia de las Voyager siempre ha sido una mezcla de ingeniería brillante, improvisación disciplinada y resistencia inesperada del hardware. Hoy, casi 49 años después del lanzamiento, siguen siendo algo más que dos reliquias heroicas de la era dorada de la exploración espacial. Son las únicas mensajeras activas de la humanidad en el espacio interestelar. Y NASA, al menos por ahora, todavía no está dispuesta a dejarlas callar.

Preguntas frecuentes

¿Qué instrumento ha apagado NASA en Voyager 1 en abril de 2026?
NASA ha apagado el experimento LECP, el instrumento de partículas cargadas de baja energía de Voyager 1, para ahorrar energía y evitar riesgos mayores para la nave.

¿Cuánta energía pierden las Voyager cada año?
Según NASA, cada una de las dos sondas pierde aproximadamente 4 vatios de potencia al año debido al declive natural de sus generadores RTG.

¿Hasta cuándo podrían seguir funcionando las Voyager?
NASA considera que, con la estrategia actual, ambas sondas podrían seguir operando con al menos un instrumento científico en la década de 2030, aunque todo dependerá de su estado real y de posibles problemas imprevistos.

¿Qué es el plan “Big Bang” de NASA para las Voyager?
Es una maniobra de ahorro energético con la que la agencia quiere sustituir varios dispositivos por alternativas de menor consumo para extender aún más la vida útil de las dos sondas. La primera prueba está prevista en Voyager 2 entre mayo y junio de 2026.

Imagen: NASA/JPL-Caltech. vía: science.nasa.gov

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