Una cápsula del tiempo llamada Silos

Si alguien quisiese viajar en el tiempo, y retroceder 1000 años, no hace falta que busque ninguna máquina del tiempo, ni andar de museo en museo para encontrar vestigios de ese remoto pasado. Simplemente debe visitar el Monasterio de Santo Domingo de Silos, entrar en su parte edificada en época medieval y escuchar a los monjes orando como hace siglos.

Esa atmósfera de paz y reflexión, dando un paseo por el exquisito claustro, ya nos traslada a épocas pasadas, pero si además tenemos la suerte de que ese día, los monjes rezan su liturgia de forma cantada, seguro que se te erizan los pelos por la impresión.

Los cantos gregorianos son más antiguos que el propio Monasterio, ya que al menos desde tiempos del Papa Gregorio el Magno (hacia el año 600) ya se cantaba sin variaciones hasta nuestros días. Se puede añadir, sin lugar a muchas dudas, que incluso desde los primeros cristianos, pero a partir de este personaje ilustre y Padre de la Iglesia, se pueden registrar los cantos de forma escrita con un código que los monjes podían seguir de forma ordenada y conjunta sin depender sólo de la transferencia oral y de la libre interpretación de los cantores. Aunque las referencias escritas más antiguas que se conservan datan de los siglos IX y unos pocos anteriores a esa fecha, se piensa con lógica, que si San Gregorio reguló la liturgia cantada, sería porque ya era de uso muy común en el mundo eclesiástico y también en el laico de los feligreses.

 El libre desarrollo de las melodías del canto gregoriano, sin duda nos hace pensar que en Europa planta las bases de la música en general, luego presenciar y escuchar a los monjes en un ambiente totalmente medieval, a la fuerza nos retrotrae a remotos tiempos pasados y  a la base de nuestro conocimiento, tanto religioso como científico, Ya que durante siglos, esas paredes fueron el recipiente donde se guardaba todo el saber europeo.

Toni Ferrando.

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