Permítanme que desarrolle esta entrada que sale desde lo más profundo de mi ser y , en consecuencia, desde lo más insondable de mi cerebro, pues es algo que, como buena mente curiosa que tengo, me gustaría llegar a entender y hasta día de hoy no lo he conseguido. Quizás escribiendo aquí y compartiéndolo con todos ustedes, mi cerebro se ilumine al obtener alguna respuesta coherente, aunque bien es sabido (y ya parto de esa base) que el mundo, como los textos más exitosos y admirables, está lleno de dis-coherencias, esto es, incoherencias.
Al escribir el título de la presente, ha venido a mi cabeza la conocida película de Almodóvar (de ahí los paréntesis añadidos) y me encantaría hablar sobre su importancia y sobre las claves y detalles más curiosos que llenan el filme almodovariano; pero este no es el caso, de ella hablaré seguramente más adelante. En este momento quiero hacer referencia a la mala educación que el ser humano ofrece con tanto derroche y tan gratuítamente.
Cuando uno hace las cosas lo mejor que puede y pone todo su empeño en ellas una y otra vez, es normal que se espere una respuesta, un simple «gracias» serviría. Pero cuando uno no oye ni siquiera esa cortísima y fácil palabra, es algo muy lógico que se haga este tipo de preguntas. Por una parte puedo llegar a entender (e incluso excusar) que el ser humano lleva una vida de lo más ajetreada hoy en día y que a veces no depara en estos pequeños detalles que, precisamente, harían las cosas un poco más fáciles o, por lo menos, más llevaderas. Entiendo también que todos tenemos malos días y los problemas que hemos de afrontar a diario no son para nada fáciles, pero es que es incomprensible (por lo menos para mí) a los límites que la mala educación del ser humano está llegando.
Creo que se están borrando de nuestras curiosas mentes -y del diccionario- palabras y expresiones tan básicas como «buenos días», «de nada», «con permiso», o la ya mencionada «gracias» para adquirir otras de menos gracia y sí más despreciables. Y esto por no hablar de los malos modales que el común de los mortales está adquiriendo, unos modales que, desde luego, poco tienen que ver con lo que en la escuela y la mayoría de padres enseñan.
Parecen pequeñeces, pero estoy cien por cien seguro de que todos funcionaríamos mucho mejor gracias a cosas tan sencillas como estas. Me encantaría llegar al bar y que el camarero me diera los buenos días antes de soltar un «¿Qué quieres?» seco y rotundo, disfrutaría de lo lindo si en el trabajo no hubiera malas caras por muy cargados que estemos, y sería el hombre más feliz del mundo si antes de pedirme alguien un cigarrillo por la calle me dijera «perdone». Pero, ¿cuál es su opinión? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Existe alguna respuesta lógica a este caos sin sentido?
Tengan todos muy buenos días y, ante todo, gracias por leer.